Al inicio y durante buena parte de la recitación del Rosario, percibí una luz fortísima que me invadía de pies a cabeza y que calmaba mucho el curso de mis pensamientos (normalmente muy ruidosos).
Al final del encuentro, Don Gaspare, orando, mencionó la necesidad de perdonar a quienes nos han ofendido... apenas el pensamiento se dirigió a ellos, la fuerza que había experimentado me acompañó hasta el momento en que me dormí y también a la mañana siguiente.
¡Sea alabado Jesucristo! Amén — Testimonio firmado